Ella con su edad ya era una de esas mujeres que todavía no dejan de ser niñas y él, un niño grande "con unas alas enormes". Fue quizas por eso que ella aprendió eso de volar. Antes ya lo había intentado, pero los intentos sólo le habían dejado volar bien bajito y como las mariposas a posarse lentamente sobre los petalos como si fueran a quemarle. Pero él, él de las otras alas y la otra piel, no se cómo, pero de activó las alas y la mariposa lenta ahora iba siendo una especie de ser vivo volador aficionado y fanático de las alturas."nunca había mirado tanto tiempo hacia arriba y él nunca ántes había aterrizado tantas veces en una mariposa blanda y tibia y pensaba que no hay mejor forma de descansar que esa". Ella lo recibe feliz, le gusta ver/tocar/sentir cuando se adentra, cuando no quiere terminar nunca de dejar su olor en su pieza de niña, llena de colores infantiles y vuelos de mujer, para que ella lo huela después en todas partes y él lo sienta.
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