
Y a veces te vas. Te vas para que te extrañe y para que te busque, para volver en algún otro minuto, quizás no más para estar solo un rato (unos 2 meses), pero bien lejos de mis terribles invasiones y mis uñas tan largas. Para dimensionar mis caderas, tus formas, nuestros ritmos. Sentir y notar, casi de golpe, todo lo que un día dejamos de ser y la estampida de verdades malformadas por la que bajaste.
Si nos vemos por ahí, saludémonos, caminesmos y comamos chatarra. Tengo ganas de saber cómo estás, tomarnos la mano, de contarte que tal va y decirte que fue mucho más que esperar un día para decirte que fue más de lo que un día pude esperar.
.
