lunes, octubre 30, 2006

ternura idiota


Maldita ternura de este idiota que me gusta tanto y más ahora. Estudiaría de arriba hacia abajo todo lo que pueda haber cambiado y de lado a lado las cosas que aún extraña, porque es obvio que me extraña y más que yo a él. Él mataba el tiempo aburrido pensando en mi y yo no. Y luego los pies, cada detalle y cada curva de mis pies le haría pensar que ahora llevaba una vida interesante y hasta un poco aventurera. Y no estaría tan equivocado. Siempre empezaba por ahí y después me daba por dosis las ganas de envasarlo y dejarlo en mi mesa de noche para cuando me bajara la pasión. Pero estábamos nerviosos, si ni siquiera cerrábamos bien los ojos cuando nos besábamos sólo por saber qué cara estaba poniendo el otro. Y no. Ya sé, si yo también quería con él, pero algo pasaba y parece que ya lo presentía porque apenas entró, salió y nos quedamos callados por harto rato...

Volví a formar la interminable fila india con mis botones y me tomé el pelo...

domingo, octubre 22, 2006

nadaserio


Ya no querido, ya no. Eso, aquello, aquel trote de siete kilómetros tenía las patas cortas, le dio un poquito de fiebre y paf se cae cada tres segundos, a veces es tan torpe sabes?. Ya no querido, ya no. Es verdad que a veces igual te quiero un poquito, pero un poquito nomás, nada serio. Y te echo de menos, no mentira, echo de menos las cosas que hacía contigo, no mentira, echo de menos las cosas que hacía independiente de si eran o no contigo. Y ya era hora. Pucha que soy mentirosa. De besos y cigarros tengo ganas a veces, pero a veces nomás, nada serio...

lunes, octubre 16, 2006

asalvo


De piernas abiertas a Marte
tras una piedra con forma de flor, de ojo,
de boca y de mano.
Se abrian encalladas, escondidas,
bien escondidas.
A salvo.
De todos tus saltos sobre mi
b-o-c-a,
de los mordiscos afilados de tus manos cuadradas.
De ti: del pedazo adolecente a un lado del paisaje.
A salvo. Con otras nuevas costumbres.
A salvo con otras nuevas costumbres.
De todos tus nuevos principios.
Porque hay algo que finiquitar
(a la mitad del camino)
Hay que darle el sobre azul a lo que era
y un sobre rojo y abierto a todo lo que dure lo que queda.
Lo que nos queda.
De todo de ti.
De todo. De ti.
Yo sigo a salvo. Y juro no salir con vida de esta.

miércoles, octubre 11, 2006

Botella a Marte

Me viste distinta porque por un ratito me miras distinto y así, hasta es más bonito. Y todo para qué. Él me mandó a ver las belladonas a Marte y yo quería ir a verlas contigo. Porque contigo querido, éramos de la misma calaña. Juntos éramos de la misma baja categoría. Pero lo que escribo no es para ti, ni para él. Cuando en las noches de fin de semana en las que ni siquiera pensábamos en hacer el amor, en follar, tirar, echar un polvo o como te suene más familiar llamarle, las espinas hacían y deshacían en mi conciencia, se me ponía la piel de gallina cuando él repetía frases bien comunes en ti, cuando en vez de eso esperaba una maldición, una rosario de puteadas o que dejara que me brotaran raíces esperando un poco de odio, pero un poquito nomás, para poder dormir esta noche. Pero para qué si me tomo una agüita de hierba para alivianar la conciencia y listo (sana, sana conciencia de rana) Y eso fue todo y él vuelve a ser mi preferido, el privilegiado. Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo quiero dormir y yo quiero seguir, me quema, pero quiero seguir. Que después de todo no fue tan ilícito como creen si nos veíamos siempre por debajo de la mesa, porque claro, puede que alguien le cuente y después de secarme la boca tome una cuchilla y me clave el odio por la espalda, me rebane en pedacitos los labios hasta que me desangre y me mande en una botella a Marte. Él que es tan bueno y me quiere y yo a veces también lo quiero y harto, ni más ni menos, pero para qué mentir si te veo y se me olvida que lo quiero y que me espera. Porque a ti también se te olvidó. Y que la esperabas a ella y no a mi. E incluso ahora, que no se me olvida y que él ya no sabe nada, ni lo positivo ni lo negativo es que creo que no fue tan malo, a veces fue bien intenso, pero precario. Y ya sabes. Lo hice y me arrepiento, pero también me hubiese arrepentido de no hacerlo y solamente porque eras tú. Tú que estabas fuera de mi lista de “chicos guapos prohibidos” porque ¿te has dado cuenta? Te comprometes y es justo ahí cuando te persiguen las oportunidades de caer, de morder la manzana. Dicen que la tentación juega a hacerte débil y entonces, qué tanto alegato si me comí un pedacito?... Que sea la culpa la que se vaya a Marte en una botella. Y yo te digo: olvida lo que oyes, yo no tengo la culpa, tampoco tú, ni él. Porque yo quería, porque tú lo sabías y porque él nunca lo supo.