
Las ganas de pisar bien el suelo, de tantear con la lengua el asfalto.
La desesperación de aferrarte rápida y audazmente a la escalinata, si es que tienes alguna cerca.
La necesidad de centrar los ojos y no precisamente en el suelo, sino que en algo más alto, saber y coincidir en la certeza de que hay algo más arriba- eso tranquiliza más que mirar hacia abajo-.
Alucinación, los colores mezclados y cada vez más cristalinos. Las ganas de ver claro el intenso color rojo de sus uñas, el intenso y a veces tan incidente color de sus labios, que cada vez se tornaban más morados y nadie le abraza, nadie le tira de la cuerda.
La cara con deseos de capitular, de olvidar y de deshacer el hechizo, quemar las cartas y los besos.
La misma cara, la misma de hace dos horas, la misma tan suya y blanca.
Aquí viene el miedo, el infinito y esplendoroso miedo. Se le cuela bajo el pelo, entre las piernas y los dedos, por ahí donde no se alcanza a ver.
Cabezas como cien de hormigas, todas pasmadas en la reacción y nadie sube.
Parece que nunca tuve ángel de la guarda, ni un amigo imaginario...
o quizás si tuve uno- un amigo imaginario- quizás sea por eso que me cuesta tanto hablar...
que tengo esta boca tan cobarde... Así debe haber sido, debo haberme acostumbrado a hablar sin tener ningún tipo de anatomía enfrente, sino más bien una invisible...
Lo que sí, nunca tuve un ángel de la guarda, mi suerte nunca ha sido muy buena.
Nunca he ganado una rifa, algún concurso. Recuerdo si haber salido candidata reina en kinder, bueno en realidad no lo recuerdo, pero ahí están las fotos... y también hay otras fotos. Es que a nadie pueden obligarlo a dar su primer beso y ni siquiera con alguien que tú mismo eligieras... terrible!!!!!!!... ahí están las manos de esa profesora, mal llamada Tía, una estaba en mi nuca y la otra en la de él- ni siquiera me acuerdo cómo se llama- y los dos mirando con nuestras estúpidas, torpes y inocentes pepitas de niño a la cámara, mientras esta señora nos acercaba hasta que sucedió, ahí estaba mi primer beso...
Recuerdo que cuando me eligieron, una niña - tampoco me acuerdo de su nombre- (he dicho alguna vez que soy un asco para recordar nombres?) Ella era la hija de la profesora, estaba tan furiosa conmigo que ahí también fue la primera mirada de odio infantil que recibí, incluso, como se sentaba conmigo trató de quitarme un lápiz y por accidente se lo enterró en la pierna... Ese día no pude salir a recreo.
De ahí en adelante nunca más quise participar de algún acto en el colegio, no por trauma ni mucho menos, sino porque no me gustaba. Nunca me gustó... aparte de mi boca tan cobarde soy yo enteramente una vergonzosa asumida y re-asumida... Aunque mi mamá quiso, desde mi primer día de clases, convencerme de lo contrario, yo ya lo asumí. Ella dice que ese primer día de clases yo estaba muy feliz, que había hinchado mucho preguntando cuándo por fin iba a ir al colegio- pero en la foto, no sé bien si es por ese moño tan apretado que me hizo ella o por alguna otra cosa, pero mi cara no estaba muy feliz.
También dice que como muy pocos niñitos, por no decir ninguno, yo no lloré ese primer día, ni el segundo, ni el tercero, tampoco durante los siguientes años... Pero apenas me entrega esa alta dosis para el ego, me la echa abajo, contándome y re-contándome cuando un día, en 2º ó 3º básico, nos levantamos tarde, no almorcé, ni alcancé a ver 'los pitufos', y cuando estábamos en la puerta del colegio, (el antiguo si, ese en el que suspendían las clases en invierno porque se llovían las salas. Ese donde apenas había primer piso. El luchito po'... el que tenía el mismo profesor de historia y de ED, física... ese era mi colegio, no él de ahora, no ese que afuera tiene los más diversos modelos de autos estacionados, 3º y 4º piso y quién sabe qué tantas cosas más.) En fin, una vez en la puerta de MI colegio solté el llanto, parecía una magdalena. Mi mamá me preguntó qué pasaba y yo sólo lloraba, y le decía que no quería entrar, porque ese día no tenía que ir con jumper, que tenía que ir con buzo y mi mamá con su cara de 'mamá'... me pasó la mochila y me fue a dejar a la sala...y me dio $1.000. Que suerte no?

Ven y compremos, despertemos e inventemos todo y todo otra vez... apúrate y tráeme otra vez las ganas.
Suelta el control y el teclado, deja de rascarte la espalda, sube y baja conmigo al 1º, 2º, 3º... 10º piso, haciendo parir mis pulmones.
A vivir con la temperatura a flor de labios, mirarnos a los ojos sinceramente y sin el temor de no volver a vernos...hacer del entreabrir y juntar los dientes algo más que un tic nervioso.
A saborear los mejores años de tu madre y los infinitos que no han nacido.
Incitarte, seducirte, controlar tu inconciencia y con algo de hipnosis pegarte a mis pies y yo, yo aferrada de tu índice.
En tierras neutrales degustar y engullirnos todo lo que cargue el diablo, sin consideración escupir las molleras y nada y todo pasó...
A viva voz maldecir y blasfemar a las mentiras y sus pregoneros...
Hacer de mi vida tu sueño y vivirlo a la par.Y dejarme gravadas con tus inhalaciones, tu lengua tan tibia a mis congeladas y quemantes dimensiones desnudas en tu cama...