miércoles, octubre 11, 2006

Botella a Marte

Me viste distinta porque por un ratito me miras distinto y así, hasta es más bonito. Y todo para qué. Él me mandó a ver las belladonas a Marte y yo quería ir a verlas contigo. Porque contigo querido, éramos de la misma calaña. Juntos éramos de la misma baja categoría. Pero lo que escribo no es para ti, ni para él. Cuando en las noches de fin de semana en las que ni siquiera pensábamos en hacer el amor, en follar, tirar, echar un polvo o como te suene más familiar llamarle, las espinas hacían y deshacían en mi conciencia, se me ponía la piel de gallina cuando él repetía frases bien comunes en ti, cuando en vez de eso esperaba una maldición, una rosario de puteadas o que dejara que me brotaran raíces esperando un poco de odio, pero un poquito nomás, para poder dormir esta noche. Pero para qué si me tomo una agüita de hierba para alivianar la conciencia y listo (sana, sana conciencia de rana) Y eso fue todo y él vuelve a ser mi preferido, el privilegiado. Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo quiero dormir y yo quiero seguir, me quema, pero quiero seguir. Que después de todo no fue tan ilícito como creen si nos veíamos siempre por debajo de la mesa, porque claro, puede que alguien le cuente y después de secarme la boca tome una cuchilla y me clave el odio por la espalda, me rebane en pedacitos los labios hasta que me desangre y me mande en una botella a Marte. Él que es tan bueno y me quiere y yo a veces también lo quiero y harto, ni más ni menos, pero para qué mentir si te veo y se me olvida que lo quiero y que me espera. Porque a ti también se te olvidó. Y que la esperabas a ella y no a mi. E incluso ahora, que no se me olvida y que él ya no sabe nada, ni lo positivo ni lo negativo es que creo que no fue tan malo, a veces fue bien intenso, pero precario. Y ya sabes. Lo hice y me arrepiento, pero también me hubiese arrepentido de no hacerlo y solamente porque eras tú. Tú que estabas fuera de mi lista de “chicos guapos prohibidos” porque ¿te has dado cuenta? Te comprometes y es justo ahí cuando te persiguen las oportunidades de caer, de morder la manzana. Dicen que la tentación juega a hacerte débil y entonces, qué tanto alegato si me comí un pedacito?... Que sea la culpa la que se vaya a Marte en una botella. Y yo te digo: olvida lo que oyes, yo no tengo la culpa, tampoco tú, ni él. Porque yo quería, porque tú lo sabías y porque él nunca lo supo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

" Dicen que la tentación juega a hacerte débil y entonces, qué tanto alegato si me comí un pedacito?... Que la culpa se vaya a Martes en una botella."



...creo que se fue
con uno de los astronatuas
de Armagedon .

Anónimo dijo...

lindo , weno weno
jeje
no tengo ganas de escribir
toy como triste, como siempre =/
saludos quel
besanzitos

raquel dijo...

ay cuando yo logre decir algo aquel quedara de cabeza... se lo imagina todo, pero no sabe nada...